Consejería · Paternidad · Pureza
No es nada nuevo lo que leerás aquí, ni es secreto para nadie que la pornografía busca consolidar a sus clientes desde la más tierna edad. Las estadísticas han cambiado de forma radical: antes la edad promedio de exposición rondaba los doce años; hoy esa cifra ha descendido a un rango de entre los siete y los nueve años. Y la pregunta permanece: ¿cómo cuidas tú a tus hijos?
Voy a plantearte una verdad que a mí me arrebata el sueño y la tranquilidad: tarde o temprano tus hijos serán expuestos a la pornografía. Será por un amigo del colegio, por alguna aplicación en tu smartphone, por un video en YouTube o por algún juego en línea. La realidad es que resulta prácticamente imposible que escapen a la exposición de este tipo de material.
¿Estás preparando el corazón de tus hijos para ese día?
Creo profundamente en la soberanía del Señor sobre todo lo que ocurre en la esfera terrenal, pero esa soberanía no me exime de mi responsabilidad, aquella que me fue entregada junto con mi herencia. Por eso, lo primero que está en mi mano es tomar el consejo de la propia Palabra del Señor.
«Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes».
«Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él».
«Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor».
A lo largo de toda la Escritura se nos amonesta a ser diligentes en enseñar a nuestros hijos el camino del Señor, y lo hermoso es que esa amonestación viene acompañada de promesa. Se nos dice que cuando se instruye al niño, este será más sabio, y que al enfrentarse a decisiones importantes tendrá la Palabra grabada en su corazón y en su mente para tomar una buena decisión.
Tenemos tiempo para preparar el corazón de nuestros hijos
Los padres disponemos de al menos siete años para hablarles y enseñarles del Señor a los más pequeños. Desde la cuna podemos leerles las Escrituras y cantarles himnos; y a medida que crecen, se les va ofreciendo un alimento más sólido, conforme a su madurez y a sus años de vida.
Es la primera y única estrategia realmente efectiva para evitarles muchos problemas frente al contenido que encontramos en internet. Yo mismo me habría ahorrado veintiséis años de dolor, de lágrimas, un divorcio y muchas cosas más.
Seguramente tú has sido víctima de alguna publicidad inadecuada mientras navegabas: un pop-up promocionando contenido sexual, alguna oferta oscura, incluso propuestas de drogas o armas en los rincones más turbios de la red. Imagina lo que hará un niño ante una invitación como esa. ¿Podrá resistir su curiosidad?
Hasta los ocho años, aproximadamente, podemos mantenerlos dentro de una burbuja protectora. Pero con el paso del tiempo esa burbuja se desgasta: nuestros hijos escuchan y ven cosas que antes no veían. Con los tiempos que corren, quizá hasta en el colegio les enseñan de relaciones sexuales desde el aula. ¿Y qué harás tú?
¿Seguirás callado, o tendrás una conversación seria con tu hijo o tu hija? Mi consejo es que tomes tu Biblia, la abras y leas algún pasaje que aborde el tema (hay muchísimos), y que a la luz de la Palabra y en oración les enseñes la verdadera sexualidad: la que Dios nos reveló por medio de su Palabra y también por medio de la ciencia. No desestimes las herramientas que nos proporcionan la ciencia y la biología; el Señor ha depositado de su sabiduría en todas sus criaturas.
Usando otras herramientas
Hoy existen muchas herramientas para vigilar el tráfico de internet en tus dispositivos. Puedes usarlas en las tabletas, en los portátiles e incluso en tu smartphone.
Por mi condición, yo utilizo una aplicación que puedo emplear en todos mis equipos, la cual me ayuda a no tentarme innecesariamente: monitorea lo que reviso, genera un reporte en caso de contenido inapropiado y lo envía a quien yo elija como compañero de responsabilidad. En el caso de tus hijos, puedes configurarla para bloquear el acceso a páginas de contenido sospechoso y supervisar las actividades de tus adolescentes, evitándoles futuros problemas.
Muchas de estas plataformas son, además, ministerios cristianos que luchan contra la pornografía, la trata de personas y todo delito en el ámbito sexual. A mí me han mantenido bien vigilado, y eso me ha ayudado a no volver a mis prácticas del pasado.
Nuestro rol principal
No debemos olvidar nunca que nuestro rol de padres nos hace totalmente responsables de nuestros hijos, al menos hasta su mayoría de edad. Por eso debemos tomar cartas en el asunto sin excusas: es nuestra responsabilidad y no podemos escapar de ella ni trasladarla a los abuelos, ni a los profesores, ni a los maestros de la escuela dominical, ni mucho menos al pastor de la iglesia. Los hijos son responsabilidad de cada padre: enseñarles las Escrituras y contribuir a su educación y formación, porque el Señor lo hace a través de nosotros.
Lo que no debemos olvidar
No debemos olvidar orar a diario por nuestros hijos, y por nosotros mismos, para ser lo suficientemente sabios como para leer los tiempos y hablarles sin rodeos, sin miedo, pero con tal sabiduría que salgan edificados y animados a entregar su vida al Señor.
Recordemos siempre dejar la aspereza y hablar en términos sencillos y claros, para que la información llegue al corazón y a la mente de nuestros niños. Permíteles hablar y preguntar lo que quieran; guíalos al conocimiento y no les impongas las cosas «porque sí», pues de lo contrario se convertirá en una lista de leyes cumplidas por obligación y no por verdadera comprensión.
Cuando logras que tu hijo comprenda una verdad desde las Escrituras, te aseguro que él mismo hablará a los demás de lo aprendido y de la razón por la cual no debemos pecar.
A mi hija de tres años, por medio de la epístola que Pablo escribió a Timoteo, se le hizo evidente que mentir es malo. A través de una sencilla inducción comprendió que Dios en esencia es verdad, y que Jesús declaró ser Él mismo la encarnación de la verdad. Ella misma compartió con los suyos que mentir es malo, porque Jesús es la verdad.
Por último
No podemos olvidar que dependemos de Dios en todo y para todo; pero debemos tener presente que Él permite que atravesemos ciertos procesos para que aprendamos y para que Él sea exaltado. Gracias a que pasé por la adicción a la pornografía, hoy puedo escribir lo que escribo.
Del mismo modo, Dios hará pasar a nuestros hijos por sus propios procesos de aprendizaje. Pero nosotros debemos actuar como si todo dependiera de nosotros: debemos enseñarles las Escrituras como si de ello dependiera su vida. No podemos descuidar su vida espiritual del mismo modo que no descuidamos su alimentación. ¿Qué pasaría si dejaras a tu hijo sin comida durante varios días? Eso mismo ocurre cuando pasan días, semanas y meses sin ocuparnos de su alimento espiritual.
Oro a Dios que ponga ese sentido de responsabilidad en tu corazón. Yo no lo tuve durante mucho tiempo; mis hijos mayores no gozaron en su niñez de mi presencia ni de mi cuidado, tanto en lo espiritual como en lo físico. No fue por ausencia física, sino porque estuve neutralizado por mi adicción. Gracias al Señor, mi hija menor disfruta hoy de mi libertad, pues tengo la claridad y el ánimo de enseñarle el camino del Señor.
Que Dios nos mueva a asumir nuestra responsabilidad como hijos suyos, y despertemos del letargo en el que el enemigo nos tiene sumidos.
Teología TULIP · Ministerio Libres por tu Gracia